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Los productos de Monsanto más peligrosos para la salud


Hoy en día el nombre de Monsanto se asocia principalmente con los OGM (organismo genéticamente modificado), pero un vistazo a la historia de la compañía muestra que su trabajo siempre estuvo conectado con esferas muy diferentes. Los efectos de este trabajo siguen sintiéndose en todo el mundo y en algunos casos la ciencia ya probó que tienen consecuencias extremadamente dañinas para el medio ambiente y para la salud humana.

1. Sacarina

En 1901 John Francisco Queeny fundó la compañía Monsanto Chemical Works en St. Louis, Missouri, para producir sustitutos del azúcar para la Coca Cola. A principios de los 70 varios estudios, incluido un estudio del Instituto Nacional del Cáncer de EE.UU., revelaron que la sacarina provoca cáncer en ratas y otros mamíferos.

2. PCB (bifenilos policlorados)

En la década de los 20 del siglo pasado Monsanto empezó a producir los bifenilos policlorados, un elemento de líquido refrigerante para transformadores eléctricos, condensadores y motores eléctricos. Medio siglo después, la Agencia de Protección del Medio Ambiente de EE.UU. presentó pruebas de que los PCB producen cáncer tanto en animales, como en los humanos. En 1979 el Congreso de EE.UU. prohibió su producción. El Convenio de Estocolmo sobre Contaminantes Orgánicos Persistentes prohibió los PCB a nivel mundial en 2001. En 2003, Monsanto pagó más de 600 millones de dólares a los residentes de Anniston (Alabama) donde se ubicó la producción de estos químicos, quienes sufrieron graves problemas de salud, como cáncer, enfermedades del hígado y enfermedades neurológicas. Según investigaciones realizadas en EE.UU. en 2011, este químico sigue apareciendo en la sangre de las mujeres embarazadas, mientras que otros estudios deducen un vínculo entre PCB y autismo.

3. Poliestireno

En 1941 Monsanto se enfocó en el plástico y el poliestireno sintético para empaquetar los alimentos. En los 80 la Agencia de Protección del Medio Ambiente de EE.UU. lo situó como el quinto producto químico cuya producción genera los residuos más peligrosos, pero se sigue produciendo.

4. Armas nucleares y bomba atómica

En 1936 Monsanto adquirió Thomas & Hochwalt Laboratories en Ohio y lo convirtió en su Departamento Central de Investigación. Entre los años 1943 y 1945 este departamento coordinó sus esfuerzos con el Comité de Investigación de la Defensa Nacional de EE.UU. y se dedicó a la purificación y producción de plutonio, y a refinar las sustancias químicas que se usan como detonantes para armas nucleares.

5. DDT (Dicloro Difenil Tricloroetano)

En 1944, Monsanto fue uno de los primeros fabricantes del insecticida DDT, destinado a combatir los mosquitos transmisores de la malaria. Fue utilizado con intensidad como insecticida en agricultura. A pesar de décadas de propaganda por parte de Monsanto, que insistió en que el DDT era seguro, finalmente sus efectos carcinógenos fueron confirmados y en 1972 el DDT fue prohibido en todo el territorio de EE.UU. Hoy en día se sabe que causa infertilidad y fallos en el desarrollo de los embriones.

6. Doixina

En 1945 Monsanto empezó a promover el uso de los pesticidas químicos en agricultura y fabricó el herbicida 2,4,5-T, uno de los precursores del agente naranja que contiene dioxina. Las dioxinas se acumulan en la cadena alimentaria, principalmente en el tejido adiposo de los animales. Tienen elevada toxicidad y pueden provocar problemas de reproducción y desarrollo, afectar al sistema inmunitario, interferir en las hormonas y, de ese modo, causar cáncer.

7. Agente naranja

En los años 60 Monsanto era uno de los fabricantes del agente naranja, utilizado como arma química en la guerra de Vietnam. Como resultado del uso del agente naranja alrededor de 400.000 personas fueron asesinadas o mutiladas, 500.000 niños nacieron con defectos de nacimiento y un 1 millón de personas quedaron discapacitadas o sufrieron problemas de salud, entre ellos los efectivos estadounidenses también expuestos a la sustancia durante los ataques que realizaban. Los informes internos de Monsanto muestran que la compañía estaba al tanto sobre los efectos tóxicos del agente naranja cuando lo vendió al Gobierno de EE.UU.

8. "Fertilizantes" a partir de petróleo

En 1955 Monsanto empezó con esta práctica, tras comprar una refinería petrolera. El problema es que los fertilizantes a partir de petróleo esterilizan la tierra, ya que matan también a los microorganismos beneficiosos del suelo.

9. El aspartamo

El aspartamo es un edulcorante no calórico que es de 150 a 200 veces más dulce que el azúcar. Fue descubierto en 1965 por la multinacional farmacéutica G.D. Searl. En 1985 Monsanto compró G.D. Searl y empezó a comercializar el edulcorante bajo la marca comercial de NutraSweet. En 2000 vendió la marca. NutraSweet se postula como el elemento que está presente en 5.000 tipos de productos y es consumido por 250 millones de personas en todo el mundo. Es declarado seguro para consumo humano por más de 90 países. En febrero de 1994 el Departamento de Salud y Servicios Sociales de EE.UU. publicó la lista de los 94 efectos adversarios que la sustancia puede tener para la salud humana. En 2012, basándose en los datos del Instituto Ramazzini (Italia) que lograron probar los efectos carcinógenos de NutraSweet en ratas, la Comisión Europea solicitó comenzar un nuevo proceso de reevaluación de este compuesto.

10. Hormona de crecimiento bovino

La somatotropina bovina recombinante (rBGH) -también hormona de Crecimiento Bovino- es una hormona modificada genéticamente por Monsanto que se inyecta en las vacas lecheras para aumentar la producción de leche. Según varias investigaciones, sobre todo europeas, existe un vínculo entre la leche rBGH y el cáncer de mama, cáncer de colon y cáncer de próstata en seres humanos. Se destaca que el producto causa los efectos más graves en los niños por dos simples razones: toman más leche que los adultos y tienen menor masa corporal que puede procesar los contaminantes de la leche. La hormona está prohibida en Canadá, Australia, Nueva Zelanda, Japón, Israel, la UE y Argentina.

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España, nuevo emplazamiento de la versión REAL de Resident Evil



Ni insectos exterminadores, ni olas de frío, ni sequías prolongadas. La plaga que ha conseguido acabar con las semillas transgénicas en casi todo Europa no ha sido otra que el rechazo creciente de sociedad y clase política a los organismos genéticamente modificados (OGM). España, donde los sucesivos gobiernos han respaldado siempre a la industria de la biotecnología, sobrevive a contracorriente como la última esperanza europea de un sector que, a excepción de EEUU y Canadá, obtiene potenciales beneficios de las tierras de países en vías de desarrollo.


Aquí, lejos de la tendencia del resto del continente, los terrenos con cultivos transgénicos han aumentado un 19% con respecto al año anterior, según los últimos datos publicados por el Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente. 138.543 hectáreas en total, que suponen más del 90% de todo el sembrado genéticamente modificado de la UE. El 10% sobrante se divide en pequeños campos de Portugal, República Checa, Rumanía y Eslovaquia, con apenas repercusión en el mercado internacional. El resto de Estados miembros se abstienen.


Hace menos de un mes, Monsanto, el mayor fabricante mundial de semillas transgénicas del mundo, anunciaba su decisión de retirar todas las solicitudes para nuevos cultivos modificados genéticamente en la Unión Europea. Lo hacía, según comunicó la multinacional estadounidense, debido a la "falta de perspectivas comerciales" para la biotecnología en la región. Las cinco peticiones para plantar variedades de maíz, soja y remolacha para azúcar de Monsanto llevaban años a la espera de que la Comisión Europea diera el definitivo visto bueno, pero la fuerte oposición ciudadana, sumada a el veto contra los OGM de Francia, Alemania, Grecia, Luxemburgo, Bulgaria, Austria y Hungría mantiene estancado el proceso de aprobación.




Los terrenos con cultivos transgénicos en España han aumentado un 19% con respecto a 2012


"La Comisión podría aprobarlas, pero es un marrón que nadie está dispuesto a asumir porque la población se les echaría encima y porque tampoco ha despertado gran interés entre los agricultores", señala Blanca Ruibal, responsable de Agricultura y Alimentación de la ONG Amigos de la Tierra. Hace un año y medio, también la empresa química alemana BASF renunció a desarrollar cosechas transgénicas en Europa y trasladó sus operaciones de investigación a Estados Unidos ante la falta de apoyo de los países comunitarios.


La Asociación Española de Bioempresas (ASEBIO), que aglutina a entidades que desarrollan actividades de biotecnología en España, considera que las prohibiciones de algunos países a los OGM son "ilegales" puesto que la decisión es competencia de la Comisión y no de los estados en particular. "No es de recibo obstaculizar el progreso de los agricultores privándoles de la libertad para aumentar la producción. Los que proponen la prohibición del cultivo deberían añadir a quién van a privar del alimento o qué espacios naturales proponen roturar como consecuencia de sus propuestas", sostienen.


Monsanto sólo mantendrá por ahora la solicitud para el maíz MON-810, el único OGM autorizado para su cultivo comercial dentro de la UE, presente sobre todo en España. Esta variedad de grano, cuyos genes han sido modificados para sobrevivir a las plagas del taladro, obtuvo luz verde hace 15 años a través de una autorización con vigencia para una década. La Comisión Europea debería haber decidido sobre su renovación en 2008, pero no lo hizo. Después de cinco años en los que se ha seguido sembrando con una licencia expirada, se espera que las autoridades europeas tomen pronto una decisión al respecto. De ser negativa, supondría el fin de la agricultura transgénica en Europa.


Apoyo institucional


El respaldo a los transgénicos en España no es mucho mayor que en el resto de Europa. De hecho, el rechazo es mayoritario. El último Eurobarómetro sobre biotecnología publicado en 2010 refleja que el 53% de los españoles se opone a la técnica de insertar genes de otra especie en un fruto para hacerlo más resistente. El apoyo ha ido disminuyendo considerablemente desde 1996, cuando era del 66%; a 2010, con el 31%.


Tampoco los estudios realizados han demostrado que de los cultivos con maíz transgénico se obtenga mayor rendimiento que de los de maíz convencional. Según Greenpeace, el Ministerio confirmó en una carta reciente a la ONG esta información. Este periódico consultó al departamento de Arias Cañete sobre la cuestión, pero aseguró no poder proporcionar una respuesta a tiempo para la fecha de publicación de este artículo. Ante este escenario, la causa de que nuestro país constituya casi el único baluarte de la industria transgénica en Europa hay que buscarla en el espaldarazo institucional a esta tecnología. Los cables de la embajada de EEUU en España publicados por Wikileaks en 2010 revelaron la alianza entre los dos gobiernos para hacer presión por el sector.




Wikileaks reveló la alianza entre EEUU y España para hacer presión por el sector de los transgénicos.


Tampoco la industria esconde sus intenciones. El grupo de trabajo sobre Agricultura y Medioambiente de ASEBIO, coordinado por Monsanto, establece entre sus misiones la de "contribuir a desbloquear obstáculos administrativos para un mayor empleo de la biotecnología en la agricultura". El grupo señala que "ha participado en varias consultas sobre textos legislativos" y en la Comisión de Medio Ambiente de la CEOE.


"Hay un interés detrás por demostrar que los cultivos transgénicos están en crecimiento constante y que están siendo aceptados por los agricultores", dice a Público Luis Ferreirim, responsable de la campaña de Agricultura y Transgénicos de Greenpeace. Ferreirim asegura que el número de hectáreas cultivadas publicadas por el Ministerio son sólo "estimaciones" que no se corresponden con la realidad, puesto que están basados en datos de ventas de semillas proporcionados por la misma industria. "No todas las semillas se utilizan, las hectáreas reales son muchas menos", afirma.


Los grupos ecologistas llevan años demandando al Gobierno que haga un registro público con la localización exacta de las parcelas donde se cultivan transgénicos, tal y como ordena una directiva europea. Su principal denuncia es que al desconocerse esta información, los agricultores convencionales no pueden prevenir una hipotética contaminación procedente de las siembras genéticamente modificadas. Muchas de ellas son cultivos en fase todavía de experimentación que se realizan al aire libre. "Estamos hablando de plantas a las que se les han insertado otros genes y que no se sabe cómo reaccionarán. Además se polinizan fácilmente", sostiene Ruibal.


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