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Partidos ultras llaman “hijas de puta” a las 13 Rosas



El 5 de agosto de 1939, trece mujeres fueron asesinadas en Madrid por la dictadura franquista. Varias eran menores. Con el paso de los años, el grupo de jóvenes ha pasado a conocerse con el sobrenombre de las 13 Rosas. En el 74 aniversario de su muerte, la revista El Patriota, editada por Nudo Patriota Español, les ha dedicado un editorial en el que asegura que se trata de "13 hijas de puta fusiladas de primera categoría".


Según la publicación ultraderechista, "las 13 Rosas formaban parte de una organización terrorista de extrema izquierda". Su muerte, continua el texto, "desactivó en grandísima medida la Juventud Socialista Unificada y salvó la vida de españoles inocentes". Nudo Patriota llega a comparar a las jóvenes con miembros de ETA o del GRAPO.


No es el único mensaje que los grupos de ultraderecha han lanzado en las últimas fechas. Cinco partidos de carácter ultra (La Falange, Nudo Patriota Español, Alianza Nacional, Movimiento Católico Español y Democracia Nacional) han convocado el 28 de septiembre un acto en el que anuncian la "gran quema de trapos separatistas". Fuentes de la Falange y de Nudo Patriota han insistido en que el acto es de carácter "festivo" y "privado", y en que sólo se quemarán "esteladas separatistas". "Esas banderas no son constitucionales, así que no hay problema en hacerlo", insisten desde Falange.


Reponsables de Nudo Patriota han asegurado que la convocatoria tiene como objetivo recaudar fondos para organizar un viaje a Barcelona el 12 de octubre, fecha en la que los ultras planean manifestarse en la ciudad condal en lugar de en Madrid, como venían haciendo hasta ahora. "El separatismo campa por sus anchas en España", aseguran, un hecho ante el que apuestan por incrementar las movilizaciones de la extrema derecha.


Además, el pasado 18 de julio, las mismas cinco organizaciones suscribieron un manifiesto conjunto. Bajo el título "La España en marcha", censuran la "sumisión al poder político" del ejército, critican el aborto ("asesinato de seres inocentes"), piden el fin de la "ideología de género", califican de "grave peligro para el pueblo español" la inmigración y establecen una serie de objetivos "irrenunciables".


Entre ellos, la derogación de la Constitución, la prohibición de difundir "ideas secesionistas", el "final fulminante de la invasión producida por corrientes migratorias", la "radical oposición a las prácticas abortivas" y la "consolidación" de la familia basada en "el matrimonio monogámico entre personas de sexo opuesto". "Nos disponemos a acometer la revolución nacional siguiendo el ejemplo de nuestros antepasados. La lucha será ardua y no apta para espíritus débiles o pusilánimes", concluye el texto.


Desde Nudo Patriota, formación que reconoce su "admiración por la figura de Franco", señalan que "dentro de los grupos ultra hay diferentes sensibilidades (franquistas, falangistas...)", pero que la estrategia puesta en marcha desde hace un año es "dejar a margen las rencillas personales para movilizar en la calle como alternativa a la izquierda". El partido ultra no descarta incluso una plataforma común de cara a las europeas. Sus portavoces apuntan que en esos comicios, en los que la participación es menor, les sería más fácil obtener representación.


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El 'cura verdugo' del penal de Ocaña



Estos versos anónimo escritos por presos republicanos de la cárcel de Ocaña en 1941 bajo la supervisión de Miguel Hernández, según relató el militante comunista Miguel Nuñez en sus memorias, es el único documento escrito que da fe de los crímenes cometidos por “el cura verdugo de Ocaña”, tal y como los reos le bautizaron. Se trataba del capellán del penal de esta localidad toledana, también conocido entre los familiares de los reclusos como el “cura asesino”. Un religioso entre cuyas funciones se encontraba dar el tiro de gracia a los republicanos condenados a muerte.


“Todos sabíamos que era el cura. Participaba en las palizas y después gustaba de coger su pistola y dar el último disparo. Pero poco sabíamos de él. No se dejaba ver por el pueblo y un buen día desapareció de la prisión. Ni siquiera recuerdo su nombre”, cuenta a Público Teófilo Fernández, de 75 años. Su abuelo, de quien heredó el nombre, fue fusilado el 8 de julio de 1939 por “el gran delito de pertenecer a Juventudes Comunistas”.


En la memoria de este hombre, sin embargo, sí ha quedado marcada una imagen: la de decenas de presos caminando desde el penal hasta el cementerio en mitad de la noche. En una larga y profusa fila. Presos cabizbajos seguidos de una camioneta militar. Los registros dan fe de que una noche llegaron a ser 57 los fusilados. “A veces, cuando eran pocos, iban todos en la camioneta”, recuerda. Después llegaba el silencio más absoluto y, por último, el ruido de una ametralladora que los verdugos apoyaban sobre un montón de piedras.


Los registros recogen hasta 57 fusilamientos en una noche También recuerda Teófilo las mañanas en las que acompañaba a su madre al cementerio para poner flores a la fosa común donde descansan los restos de su padre. Las tres fosas del pequeño cementerio permanecieron abiertas hasta 1945 y él, siendo un niño de 5 años, podía ver los cuerpos de los fusilados comidos por la cal. Entre ellos, el de su progenitor


Otros días, llegar hasta la fosa se hacía imposible. “Muchas veces tuvimos que salir corriendo y escondernos en cualquier lugar cuando íbamos al cementerio. Las familias de derechas nos señalaban, nos insultaban y temíamos que nos mataran”, señala este hombre. El miedo no es de extrañar. Además de su abuelo, murieron otros tres familiares fusilados en el penal.


1.300 fusilados


Sólo en Ocaña, un pueblo de apenas 11.000 habitantes de la provincia de Toledo, se registraron entre 1939 y 1959, fecha del último fusilamiento, 1.300 víctimas de la represión franquista. En su pequeño cementerio se concentran tres fosas comunes. La mayoría murieron fusilados, pero un gran número de ellos lo hicieron enfermos dentro de la prisión. La Asociación de Familiares de Ejecutados en la Cárcel de Ocaña, tras examinar los registros del penal, señala que en invierno la lista de fallecidos aumentaba considerablemente debido a las penosas condiciones de vida a las que estaban sometidos los presos. En muchos casos los verdugos ni siquiera necesitaban balas para cometer sus crímenes.


“Hemos encontrado varias partidas de defunción de bebés, que morían en la cárcel. Era habitual que las presas tuvieran allí a sus hijos. De hecho, conozco un caso escalofriante”, narra Carmen Díaz, vicepresidenta de la asociación. “Una presa fue condenada a muerte pero tenía un bebé en edad de lactancia. Las monjas permitieron que la presa continuara con vida hasta que el bebé cumplió dos años. Entonces, se lo quitaron de los brazos y la fusilaron. El bebe fue abandonado entre los matojos, aunque me consta que logró sobrevivir”, cuenta esta mujer, cuya historia familiar no es menos trágica.


Su abuelo murió en la prisión tras ser juzgado tres veces: una para condenarle a muerte, otra para conmutarle la pena por 30 años de prisión y, finalmente, una última ocasión, en la propia cárcel, para condenarlo de nuevo a muerte. La sentencia fue ejecutada inmediatamente sin avisar a los familiares. “Sospechamos que el último juicio fue un fraude ya que no aparece en ningún registro. Simplemente, querían verlo muerto”, cuenta a Público Carmen.




Marcos Ana y Hernández


La cárcel de Ocaña ha pasado a la historia como uno de los símbolos de la represión franquista. Tanto por el alto número de fusilados como por el nombre de los presos que albergó. Entre sus barrotes estuvieron Miguel Hernández y el poeta Marcos Ana en el año 1940-41, el primero, y a partir de 1944, el segundo. A pesar de la breve estancia de Hernández en la prisión, su figura se ha transmitido en la historia oral de los familiares de las víctimas.


“Siempre se ha contado que Miguel Hernández enseñaba a leer y a escribir a los presos republicanos y que, a escondidas de los guardias, organizaba clases de poesía. El poema de El cura verdugo surgió de esas clases”, asegura Julián Ramos, cuyo abuelo fue fusilado en el cementerio de Ocaña por ser el alcalde socialista de San Bartolomé de las Abiertas (Toledo).


La versión de Julián del poema fue corroborada por el militante comunista Miguel Nuñez, fallecido en 2008, quien estuvo preso en el mismo municipio en aquellos años y relató este episodio en sus memorias. No obstante, este diario no ha podido corroborar la autoría del poema tras consultar biógrafos y expertos de la vida y obra de Hernández.


Marcos Ana, el reo político que pasó más tiempo en las cárceles franquistas (23 años), describió para el documental ‘Memoria Viva’ las condiciones de vida del penal de Ocaña, donde estuvo preso hasta 1946.


“En el penal de Ocaña conocí lo más duro para un condenado a muerte: la soledad. Me llevaron a una pequeña celda, de unos dos metros de largo y tan estrecha que con los brazos en cruz tocaba las paredes. Una puerta de hierro, un retrete en un rincón, un colchón de esparto y un pequeño y alto tragaluz enrejado iban a formar mi nuevo universo. Nos dejaban salir al patio dos veces al día, una hora por la mañana y otra por la tarde”, detalla el poeta, que añade que el momento más triste del día era el atardecer, cuando se despedían unos de otros “sin saber si aquél sería el último abrazo”.


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