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Ignacio González extiende sus 'privatizaciones': ahora le toca al Metro de Madrid
El presidente de la Comunidad de Madrid parece dispuesto a liberalizar todos los servicios públicos de la región. Tras anunciar la externalización de la gestión de seis hospitales, medida que se ha unido a la privatización del Canal de Isabel II, ahora ha puesto su mirada en el Metro. Según ha indicado Ignacio González, sería “irresponsable” no estudiar esta posibilidad si con ella se puede “prestar un mejor servicio con el menor coste” en el suburbano.
Aunque el Gobierno regional aseguró hace unos meses que no se planteaba la privatización del Metro, parece que las tornas han cambiado. Al menos así se desprende de las declaraciones del presidente autonómico del pasado lunes, cuando aseguró que no ha descartado externalizar más servicios del Metro de Madrid con el fin de ahorrar.
Ignacio González planteaba así, durante su visita a la oficina de Puesto de Mando de Metro de Madrid, ubicado en la estación Alto Arenal, la privatización del suburbano explicando que ya hay tareas que están externalizadas, como la limpieza o la seguridad, y que en este momento lo irresponsable sería no explorar esa vía. De hecho, Metro licitó en septiembre la contratación de una auditoría experta en el sector privado para actualizar su plan estratégico 2011-2014.
Con ello, la empresa pública buscaba asesoramiento sobre las oportunidades de inversión privada en el transporte público, opción que Ignacio González aseguró estar barajando. “Es que es la responsabilidad que tenemos los gestores públicos: administrar mejor los recursos de los ciudadanos; lo irresponsable sería lo contrario, sería mantener servicios como parecen querer algunos sindicatos aunque sean deficitarios, no se puedan sostener y pierdan dinero a costa de los impuestos de los ciudadanos”.
Es más, en cuanto al cierre adelantado del Metro por la noche, González admitió que el asunto seguía estudiándose porque no tiene sentido mantener todos los trenes cuando baja la demanda. Por ello, están buscando vías alternativas de transporte para los “pocos” pasajeros que a esa hora usan el Metro. “Todo lo que sea avanzar en esa dirección lo haremos, siempre que sea posible”, concluía el presidente regional.
Fuente
"Metro de Madrid desinforma" por Guillermo Ortiz
El Metro de Madrid ha sido durante años uno de los grandes motivos de orgullo de los distintos gobiernos de la Comunidad y con razón: siempre se ha tratado de un servicio limpio, puntual, rápido y que une en pocos minutos una punta y otra del municipio con otros municipios de la región. Por supuesto, siempre hay “peros” puntuales: ampliaciones no finalizadas, obras carísimas, vagones con evidente necesidad de reforma… pero en líneas generales, el madrileño ha podido sacar pecho de su servicio metropolitano de trenes cada vez que viajaba a Londres, París o Nueva York y comparaba.
En los últimos meses, sin embargo, hemos asistido a una caída en picado de las prestaciones de Metro que son difíciles de explicar. Primero fueron las exageradas subidas de tarifas bajo la falsa premisa de que los usuarios tienen que pagar más porque hay pérdidas, cuando en realidad al Consorcio de Transportes ya lo pagamos todos con nuestros impuestos, es decir, no es algo que nos estén regalando, es algo que estamos sufragando y en ocasiones nos está generando deudas que pagamos con la pérdida o recorte de otros servicios. El precio del billete no es sino un “repago”, una manera necesaria de conseguir financiación extra para que las arcas públicas, las de todos, no sufran más daños.
Cuando el billete sencillo subió un 50% su precio en 2011, la defensa de la Consejería de Transportes fue que nadie lo utilizaba, que la mayoría de los viajeros tenían un “metrobus” de diez viajes o un abono transportes que cubría todos sus desplazamientos durante el mes en vigor. El Consejero en cuestión no sabía lo que era un “metrobus” pero, en fin, todos tenemos claro cómo se llega a determinados puestos en determinadas administraciones. Lo siguiente que supimos, a los pocos meses, fue que subían un 40% el precio del citado “metrobus” . La respuesta, entonces, en un nuevo ejercicio de malabarismo político, fue la siguiente: “Ojo, que el precio del billete sencillo no lo hemos tocado”. La burla se completó con unos carteles repartidos por todas las estaciones, que decía “Metro de Madrid: menos es más”, cosa que probablemente fuera cierta en algún momento pero que ahora mismo es bastante indefendible: en un país con cinco millones de parados y un sueldo medio que apenas supera los 1000 euros, el precio del Metro en Madrid resulta bastante caro. No el más caro del mundo, de acuerdo, pero lo suficiente como para que la propaganda resulte casi insultante.
En los últimos meses, sin embargo, hemos asistido a una caída en picado de las prestaciones de Metro que son difíciles de explicar. Primero fueron las exageradas subidas de tarifas bajo la falsa premisa de que los usuarios tienen que pagar más porque hay pérdidas, cuando en realidad al Consorcio de Transportes ya lo pagamos todos con nuestros impuestos, es decir, no es algo que nos estén regalando, es algo que estamos sufragando y en ocasiones nos está generando deudas que pagamos con la pérdida o recorte de otros servicios. El precio del billete no es sino un “repago”, una manera necesaria de conseguir financiación extra para que las arcas públicas, las de todos, no sufran más daños.
Cuando el billete sencillo subió un 50% su precio en 2011, la defensa de la Consejería de Transportes fue que nadie lo utilizaba, que la mayoría de los viajeros tenían un “metrobus” de diez viajes o un abono transportes que cubría todos sus desplazamientos durante el mes en vigor. El Consejero en cuestión no sabía lo que era un “metrobus” pero, en fin, todos tenemos claro cómo se llega a determinados puestos en determinadas administraciones. Lo siguiente que supimos, a los pocos meses, fue que subían un 40% el precio del citado “metrobus” . La respuesta, entonces, en un nuevo ejercicio de malabarismo político, fue la siguiente: “Ojo, que el precio del billete sencillo no lo hemos tocado”. La burla se completó con unos carteles repartidos por todas las estaciones, que decía “Metro de Madrid: menos es más”, cosa que probablemente fuera cierta en algún momento pero que ahora mismo es bastante indefendible: en un país con cinco millones de parados y un sueldo medio que apenas supera los 1000 euros, el precio del Metro en Madrid resulta bastante caro. No el más caro del mundo, de acuerdo, pero lo suficiente como para que la propaganda resulte casi insultante.
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